En La Custodia (Navarra) los hallazgos monetales alcanzan la cifra de 143 piezas, de las que 139 tienen leyendas ibéricas y los cuatro restantes son de rótulos latinos: dos pertenecen a la época republicana romana y las otras dos son hispanorromanas de la ceca de Calahorra. Apenas 6 unidades de Uarakos.
Las monedas de La Custodia constatan la temprana presencia de la cultura romana en el poblado y el gran número de cecas representadas da a entender un próspero comercio no sólo hacia áreas indígenas cercanas, sino hacia zonas más alejadas de la Meseta, de la costa catalana o de los pueblos ribereños del Ebro.
La aparición de la moneda es uno de los acontecimientos más importantes de la II Edad del Hierro, propicia el abandono progresivo del sistema de trueque y su emisión implica la existencia de un poder económico que garantiza la estabilidad del sistema monetario. Entre finales del siglo III y principios del II a. de C. se inicia en Hispania la fabricación y emisión de monedas, siguiendo directrices foráneas, a instancias de los conquistadores romanos.
El nacimiento de la moneda se origina en un contexto bélico, de ahí se deduce que uno de sus objetivos era pagar a los soldados o mercenarios indígenas, cobrar tributos y gratificar a las tribus o poblaciones amigas con el derecho a batir moneda con rótulos ibéricos, lo cual les proporcionaba un gran prestigio.
Como consecuencia de todo ello, el peso de las monedas, al igual que la forma, sobre todo de los denarios de plata, pues los ases de bronce plantean otros problemas, no fue arbitrario, sino que tendió a ajustarse progresivamente al patrón romano. El peso del denario ibérico se estableció en un peso próximo a los 4 gr, igual que el romano. Hay quien sostiene que con los denarios se pagaba a las tropas y que los ases eran utilizados en los intercambios cotidianos.
La procedencia de estas 139 cecas con rótulos en ibérico de La Custodia, dieciocho cecas distintas, abarca una gran zona geográfica que va desde Cataluña (Kese, Layesken) hasta la Celtiberia (Arekoratas, Sekobírikes, Bursau, Turiasu ), Valle del Jalón (Sekaisa) y todo el Valle del Ebro, zona vascona-riojana (Barrśkunes, Bentian, Arsaos, Uarakoś, Kueliokoś, Titiakoś), la Sedetania (Kelse, Alaun, Saltuie) y la Suessetania (Bolśkan, Belikio).

De las dieciocho cecas documentadas separamos un grupo que presenta similares características formales y que más nos interesan por su situación; son las monedas acuñadas en las cecas de Barrśkunes, Bentian, Uarakoś, Kueliokoś y Arsaos, que alcanzan un total de 63 piezas.
Algunas características de estas series “regionales” (vasconas) son las armas anómalas de los jinetes, que en lugar de la lanza con la punta hacia abajo o la palma sobre el hombro, de uso muy generalizado, son la espada corta y el dardo o venablo. Sus cabezas varoniles presentan una barba hirsuta o mal afeitada, una oreja deforme y de gran tamaño, con el cabello en ondas regulares, y son catalogadas como “de cabeza vascona”. Este grupo regional, junto a otras cecas como Tirsos, Okikaurun y Olkairrun, acuñó un tipo de moneda que se aparta del tipo oscense y sertoriano de Bolskan y corresponde a la época de la mayor expansión del monetario ibérico, es decir a los años de pacificación que siguieron a la conquista de Numancia (133 a.C.) y también, después del 100, hasta las grandes emisiones sertorianas entre el 80 y el 72 a. C. Su centro emisor sería Benkota, quizá antecesora de Pompaelo.
Entre las cecas citadas en La Custodia sobresale la de Barrśkunes, con 36 ases y 16 denarios; ésta ceca fue uno de los principales centros emisores de moneda. La leyenda del reverso no está claro que corresponda con el grupo étnico de los Vascones, mientras que la de Benkota del reverso puede referirse a su ciudad más importante. El gran volumen numismático ha llevado a algunos autores como J.J. CEPEDA a pensar en este poblado como su posible centro emisor, por los escasos ejemplares de estas monedas aparecidas en Pamplona y sus alrededores donde tradicionalmente se sitúa su ceca. (CEPEDA, J.J., Moneda y circulación monetaria en el País Vasco durante la Antigüedad s. II a.C.- V d.C. , Bilbao, 1992, p. 156.)
Hay que destacar especialmente, por lo que atañe al poblado de La Custodia, las monedas de Uarakoś, una ceca de similar raíz en leyenda como la autrigona Uarkas (Uxama-IBARka). Disponemos aquí de seis ases de bronce, y ningún poblado hasta ahora ha ofrecido tal número de hallazgos.

Cabeza muy tosca a la derecha con barbilla prominente y ancho cuello adornado con torques, delante trazos borrosos del delfín y detrás signos ibéricos auta. El tipo es degenerado. Reverso: Jinete al galope a la derecha con larga lanza y sobre la línea del exergo la leyenda uarakoś. Diámetro 24 mm; grosor 3 mm; peso 10,10 gr; posición cuños 12 h. (Fig. 464).
Las leyendas utilizaron tres diferentes trazadas con formas bastante redondeadas. En todos los reversos se grabó la leyenda uarakoś, que tradicionalmente se ha considerado un nominativo masculino plural (Untermann 1975: 277, A59g; de Hoz 2017: 129), sin embargo, recientemente se valora como un adjetivo toponímico en nominativo singular masculino (Villar 1995: 342; Jordán 2007: 824; Estarán y Beltrán 2015: 305).
En esta leyenda destaca la forma de representar el alógrafo r, con forma circular y romboidal, sin que exista una evolución temporal en su uso, al igual que en barrśkunes, se pueden encontrar cuños que lo representaron de ambas formas.
En los anversos encontramos dos leyendas; la primera es au, que corresponde a las iniciales del topónimo, una práctica que fue bastante habitual entre las cecas. La segunda leyenda de anverso es auta, de significado desconocido. Esta leyenda se encuentra también en las monedas de Teitiakoś, lo cual ha servido para relacionar ambas cecas y sugerir una posible relación con los Autrigones (Untermann 1975: 177, A59g; Beltrán Martínez 1987: 341); no obstante, como señalan Martínez Clemente (1994: 70) y Larrauri (2008-2009: 101) no es probable que auta esté refiriéndose a una tribu o etnia, porque nunca se hizo en otras cecas.

La producción monetaria se ha ordenado por monedaiberica.org en ocho tipos, de los que los tres primeros llevan reversos con jinete portador de espada y los cinco restantes jinete con lanza. En primer lugar, han colocado los tipos con retratos de tipo “vascón”, acompañados de un delfín y un arado en anverso y reverso con jinete con espada. Sigue después un grupo de tipos con reverso jinete con lanza. Dos de ellos llevan la leyenda au y se diferencian por el estilo del retrato. A continuación, colocan otros dos tipos con leyenda auta en anverso y finalmente un tipo con símbolo palma en el anverso y sin leyenda en esta cara. El patrón de peso con el que se acuñaron las monedas oscila en torno a 9 g, un peso que se encuentra en consonancia con las cecas del entorno. La tosquedad de los cuños contrasta con la regularidad de los cospeles, ya que la franja entre pesos máximos y mínimos no es amplia.
La dispersión monetaria de Uarakoś es escasa, ya que acuñó un volumen muy reducido de piezas. La mayor parte de los hallazgos están muy dispersos por la península Ibérica, excepto la concentración documentada en La Custodia, con seis monedas.
La cronología de las monedas de Uarakoś no tiene puntos seguros de referencia, aunque por lo general se suele ubicar dentro de una franja amplia, entre mediados del siglo II y primer tercio del I a.C. (Domínguez Arranz 1997: 148; ACIP p. 372-373; DCPH II: 387). Se puede sugerir una datación y una secuencia relacionándolas con las cecas del entorno y a partir del estilo. Los retratos de tipo “vascón” y el jinete portador de arma arrojadiza o espada ya están presentes en el campamento numantino de Escipión (Haeberlin 1929: nº 182, 190 y 205), por lo que el inicio de la acuñación pudo producirse hacia mediados del siglo II a.C.

Diversos autores están de acuerdo en que las monedas con la leyenda ibérica uarakoś (con sibilante final S1) pertenecen, por el análisis lingüístico del término, al ámbito celtibérico y lo encuadran como un nominativo plural temático, -koś, de los gentilicios derivados de las palabras con tema en -a. Pero la raíz Uar- entraría dentro del ámbito euskerico, como la ceca Uarkas asociada a Uxama-Ibarca.
En el actual euskera /uar-/ está presente en muchas voces como Vega u Orilla, o relativo al agua/rio/mar:
- UAR: torrente, riada, chaparrón, agua turbia.
- UARAN: orilla del agua, aljibe.
- UARKA: cauce del rio, aljibe, balsa, uarkas era la ceca de Uxama-Ibarca
- UARTE: isla.
- UARROILA: cauce, saetín, canal de agua al molino.
- UARRI: arrecife, escollo.
En los diptongos con U el euskera transforma la semivocal en labial (u>B):
- araUera > araBera
- daUe > daBe
- neUan > neBan
- zamaUa > zamaBa.
Podemos así entender que, desde /UAR/:
- *uaran-ea > uareia1,2 > Baria > Varea (Otero en la orilla del agua)
- *uaran-eako[S1] > *Uaraeako[S1]1> Uarako[S1]2
1- La caída de la N intervocálica es una singularidad del euskera: GAZTA<GAZTANA (queso) y lo sabemos por “GAZTANUR” (suero del queso), “GAZTANSAL” paredes del cesto, “GAZTANOTZARA” (cesto pequeño para moldear el queso fresco).

Por lo que aquí interesa, algunos sufijos diferencian áreas geográficas bien concretas. Por ejemplo, los epígrafes monetales con sufijo en –sken pertenecen a la zona ibérica, en cambio los sufijos –kom, –kos parecen pertenecen al área celtibérica. Según Untermann, el sufijo –koś alcanza por el sur del Ebro los cursos altos del Jalón, el Duero e incluso la Celtiberia Citerior y por el oeste el territorio berón.
“A los ases de Uarakoś se les asigna un impreciso periodo emisor ligado a las guerras sertorianas para atender las necesidades económicas generadas por la contienda. Podemos afirmar de manera segura que las emisiones son posteriores al 82 a. C. cuando comienza a acuñarse con el nuevo patrón semiuncial romano, aunque algunas piezas se acercan más a patrones ibéricos propios. Uarakoś se sumó así, con casi un siglo de retraso, a la lista de cecas, algunas de ellas situadas en su entorno más inmediato, con emisiones imitadas de escasa tirada, siempre en bronce, metal poco operativo en el comercio interregional, donde fue sustituido por la plata, y sin divisores” (MARTÍNEZ CLEMENTE, J., op. cit. p. 72.)
Como hemos dicho, en algunos anversos de estas monedas aparece la sílaba ua, que puede tratarse de una abreviatura de Uarakoś, en otras ocasiones figura la palabra auta, que también se encuentra en las monedas de teitiakos.
Es poco probable que ambas cecas se hallen relacionadas geográficamente, como indicaba A. Beltrán dando a entender que ambos pueblos debieron de ser “ramas de otro más importante, el de los auta, posiblemente los autrigones.” Recordar que la ceca AUTRIGONA asociada a Uxama-IBARka.

Como dicen los historiadores y lingüistas “la problemática leyenda auta” es algo fácil de aclarar si se relaciona su emisión con el pago al ejército, compuesto de tropas propias y de mercenarios indígenas a sueldo.